
Los siete astronautas que viajan en el transbordador Atlantis se enfrentan estos días a un riesgo sustancialmente mayor al que corren en otras ocasiones. En efecto, la altura a la que deben realizar las reparaciones del telescopio espacial Hubble (unos 700 km) está, literalmente, infestada de basura espacial.
Miles de piezas de satélites destrozados, restos de cohetes y piezas metálicas de todo tipo y tamaño «zumbando» alrededor a más de 30.000 kilómetros por hora hacen que esta zona sea un lugar especialmente peligroso. Un lugar en el que el transbordador y su tripulación deberán permanecer aún durante varios días antes de completar su misión y regresar a la seguridad de la Tierra.
El Atlantis, pues, se encuentra en una auténtica situación de peligro. Si uno (o varios) de estos pequeños fragmentos alcanzaran el casco de la nave, podrían provocar agujeros que impedirían un regreso seguro del transbordador. La propia NASA ha cuantificado el riesgo de esta misión: existe una posibilidad entre 229 de un impacto catastrófico con un fragmento de basura espacial. Un riesgo muy superior al calculado para una misión a la Estación Espacial, que se cifra «sólo» en una posibilidad entre 300
Si se produjera una situación de emergencia, la NASA pondría en marcha un detallado plan de rescate. Por supuesto, cualquier daño sufrido por el casco haría imposible el regreso del Atlantis a la Tierra. Por eso, el transbordador Endeavour está preparado en el centro espacial Kennedy para una salida inmediata. Si fuera necesario, esta segunda nave acudiría al rescate de los astronautas.
Pero los problemas podrían ser mucho mayores si el impacto no se produce contra el casco de la nave, sino directamente contra uno de los astronautas en pleno paseo espacial. A pesar de que los trajes están diseñados para resistir a las duras condiciones del espacio, no podrían aguantar la colisión directa de un fragmento de metal o de un micrometeorito a 30.000 kilómetros por hora.
Los astronautas del «Atlantis» realizaron ayer la tercera caminata espacial de su misión en el Hubble para reparar una cámara fundida e instalar en el telescopio el Espectrógrafo de Orígenes Cósmicos, un instrumento capaz de detectar la luz de quásares lejanos. El viernes, los astronautas Mike Massimino y Mike Good ya instalaron nuevos giroscopios y baterías en el Hubble, lo que permitirá prolongar cinco años más su vida útil. El jueves, el telescopio recibió una nueva cámara de espacio profundo y un nuevo ordenador. Dos caminatas más serán necesarias para completar los trabajos.

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